sábado, 25 de enero de 2014

Anhelaba volar contigo hasta que nuestras alas murieran, ahora me doy cuenta que has abandonado los cielos…
Tal vez el día termine hoy.
Los pájaros caen del cielo, hay luto en cada rincón de mi corazón.
Puedo verte detrás de las nubes, pero nunca podré sentirte.
El Sol se vuelve fúnebre y grita silenciosamente al recordar como me sonreías desde la distancia.
Mis ojos te ven, la noche llora y canta, llora y canta.
Contemplo el vacío y te observo…


Benedicto Dzul Ornela


Eres como un fantasma…
Apareces sonriéndome y luego intentas orillarme al suicidio.
Es fácil.
Ya no estás aquí. ¿Desde cuándo?
¿Aún me escuchas?
¿Aún vives?
¿Aún estás aquí?
En cada lugar donde poso mis ojos estás ahí… sonriendo cariñosamente hasta desvanecerte en mis labios.
¡Oh! ¿Aún estás con vida?
Camino por la calle e intento imaginar que tu sepulcro no existe, pero… no lo sé, no sé si existes realmente, solo sé que estás a mi lado, siento tu calor abrazándome, tus palabras besando mis sentidos…
Creo que me reuniré pronto contigo



Benedicto Dzul Ornela

domingo, 22 de diciembre de 2013

Algo extraño en ti

Había algo extraño en ti, parecía que… parecía que estabas muerta…
Creí que era mi imaginación, tus ojos miraban a todos lados desesperadamente, y lo que dañaba era cuando tu mirada se centraba en mí… en un vacío fúnebre…
Nos miramos, tú quisiste gritar pero solo un sonido vacío y agudo salió de tus labios. Sentí miedo, desbordaste una sonrisa como aquella que me regalabas cuando nos abrazábamos.
Tu rostro se volvió delirante… fue cuando comprendí que no  estabas sonriendo, sino que estabas viajando al mundo de los espíritus… lo que gemías no lo podía distinguir ¿Era llanto? ¿Era risa? ¿Era un lamento? ¿O era tu alma muriendo?
Tus ojos de psicópata me miraron fija y letalmente…
Era simple no era tú, éramos nosotros… nuestra muerte, nuestra vida, nuestro dolor…


Benedicto Dzul Ornela

Mi esperanza

La esperanza de volver a verte se consume como una vela y mi amor por ti crece como un bello bosque.
La agonía rosa mis labios al ver tu fúnebre sonrisa.
Quiero despertar de este sueño, pero me doy cuenta que esta pesadilla es mi ser.
Al momento en que te fuiste la sonrisa murió en mi boca y mis ojos se segaron por el llanto.
Si el mundo se pone en mi contra no me importa, porque yo sé que tú estarás a mi lado.
Penetraste en mi corazón como una flecha.
Para mí no has muerto.


Benedicto Dzul Ornela

Alguien me observa

Caminaba por la calle, penetrando la espesura de la tarde.
Mientras caminaba sentía la mirada triste de mi observador.
Empecé a acelerar mi paso, sin embargo, a medida que avanzaba, las miradas se incrementaban.
Me detuve en el refugio de un árbol, y fingiendo amarrar las agujetas de mis zapatos, intenté ver a mi observador.
Nadie lucía sospechoso, la gente caminaba sin rumbo: unos tristes, otros cansados, otros enamorados, otros muertos…
Seguí avanzando hasta detenerme en la comisura de la banqueta. Junto con otras personas debía esperar a que el semáforo cambiara de parecer.
Momentos después me encontraba en la central, el corazón se me aceleró al ver que todos parecían estar delirando… afortunadamente el transporte rumbo a mi hogar arribó minutos después de concluir esa escena. Subí acompañado de personas que únicamente compartían su ruta y respeto moral conmigo.
Subí hasta el final del fúnebre camión y me senté junto a la ventana.
De pronto sentí que alguien me miraba a través del vidrio… giré mi cabeza con la velocidad de un búho… no había nada más que mi desesperado reflejo.
El camión seguía su ruta ¿Cuándo cambiará? –Me pregunté—
Fue entonces que las llantas frenaron lentamente, alcé mi mirada y te vi…
Tu sonrisa se desbordaba al verme, caminabas con la sensualidad demoniaca y te sentaste a mi lado.
--¿Te acuerdas de mí? –Preguntaste.
--…
--Soy yo, y ya es la hora
--¿La hora de qué? –Pregunté asustado.
Me miraste a los ojos y me diste un tierno beso.
--He venido por ti, te llevaré al descanso eterno. –Dijiste—
En ese momento mis fuerzas abandonaron mi cuerpo, lo último que sentí fueron sus labios… y abandoné este mundo.



Benedicto Dzul Ornela

sábado, 7 de diciembre de 2013

Una bella bienvenida

Entré en la habitación, todo parecía igual ante mis ojos, pero no tenía conocimiento si algo habría alterado mis cosas.
Al momento de cerrar la puerta encendí la luz, las tinieblas corrieron a esconderse de luz palpitante.
Mi violín, encerrado en su estuche, gritaba anhelando que lo tocaran, gritaba tanto que tuve que gritar más fuerte para que se callará, aunque solo logré que comenzara a murmurar y a desesperarme.
La silla se movía sola invitándome a descansar, la libreta se ponía en una sensual pose, lista para que yo escriba en ella y le haga ilusiones falsas sobre un mundo mórbido.
Observé mi alrededor, todo era alegremente fúnebre, como si la luz se negara a visitar mi habitación. Quizá me odia, o simplemente no quiere ponerse triste.
Tomé la pluma para escribir, hacía garabatos mientras pensaba en mi amada mujer, cuando de pronto me di cuenta que estaba rodeado de las voces de los objetos de mi cuarto.



Benedicto Dzul Ornela

sábado, 30 de noviembre de 2013

La Pasión de Salma

La calle estaba sorda, ningún ruido hacía eco.
Caminaba en zigzag, aprovechando mi soledad para moverme libremente… olvidando su muerte.
El Sol se despedía de mí enviándome unos tenues rayos de luz…
La melodía se repetía en mi mente…
Mis tímpanos ciegos repetían una y otra vez esas notas…
Escuché mis lágrimas recorrer mi cara y sentí como caían al suelo agonizando.
¿Sonaba un piano o era mi cabeza? No lo sé, no estoy seguro. No sé que es real y que no.
¿Sonaba un piano o era mi cabeza? ¿Sonaba un piano o era mi cabeza?...
El sonido navegaba en las suicidas ráfagas de viento, mi pulso se aceleraba y yo sentía tu presencia.
Me guió el afinado compás por un camino al cementerio.
Su sonido me envolvía y besaba los tímpanos.
A tu sepulcro llegué persiguiendo una sensación casi vana…
La noche colocó su encaje… el Sol había muerto.
El Sol había muerto… la noche colocó su encaje… el Sol había muerto, había muerto y la noche lo festejaba colocando su encaje… el Sol había muerto en una noche… como tú… habían muerto de la misma forma, apagándose lente y dolorosamente…
Estabas ahí… arrodillada en el suelo, tus manos tocaban la lápida como si fuera un piano.
Vestías un opaco y triste vestido azul infierno algo chamuscado. Tu cabello lloraba… tus manos quemadas…
Me senté a su lado.
--¿Aún sigues aquí? – Le pregunté
--Sí
-- Quiero ver tu cara
--¿Estás seguro?
--Sí
--…
--…
Lo que vi…
Sus ojos me miraron fijamente, su cara estaba pálida y algo chamuscada: el fuego había besado su cara… pero su hermosa sonrisa seguía intacta.
Su cara fue rejuveneciendo, era como si el fuego nunca la hubiera tocado.
--Has estado llorando –le dije—hasta que tus ojos se han secado. Recuerdo esa sensación.
--¿La recuerdas? – Me preguntó
-- Sí…
--¿Qué me pasó Benedicto?
--¿Quieres saber?
-- Sí – Contestó tristemente
--…
--…
--Las voces hacían eco… las personas sonreían, algunos lloraban de emoción… anunciaron tu nombre. Una agonía de aplausos perturbaba el silencio – Le dije--.
Su rostro manifestó una sonrisa… tal vez era porque lo recordaba… nunca lo sabré
--Un alegre piano negro de cola destacaba del resto de la alegre orquesta –Proseguí—Los violines empezaron con su melodía a masturbar a los oídos. Los demás instrumentos besaban al silencio.
Un silencio emotivo de agonía consumió a las almas espectadoras.
Tus dedos comenzaron a acariciar el piano, tus finos pies azotaban los pedales.
Tus manos comenzaron una orgía de pentagramas.
Las gotas salían como lluvia a las flores. Los acordes danzaban en los corazones y el dulce y desesperado sonido le hacía el amor a nuestros oídos.
--Lo recuerdo – Me interrumpió.
--Yo también Salma, yo también…
-- Continua, por favor – Me exigió
--Los gritos resonaban entre el público. Había una mujer que gritaba. Otra lloraba y unos niños pedían a gritos a sus madres. Tu mundo estaba por morir… el baile de fuego infernal comenzaba, la gente corría como cúspide de diluvio. Los miembros de la orquesta huían protegiendo a sus instrumentos…
--Ahora lo recuerdo mejor—me dijo
--Lo sé Salma…--Contesté--  Tu pasión por el piano nubló tus sentidos. Los espectadores eran aplastados por los pies de otros, los niños se incineraban, el amplio escenario ardía como la ira del Diablo… El baile de llamas se movía al mismo compás de la melodía. El alegre escenario fue derrumbándose convirtiéndose en ruinas… Todos huyeron… Menos un alma… tú mi querida Salma… te quedaste ahí… solo un alma se quedó… tú mi querida Salma…
-- Lo sé – dijo mientras esbozaba una lágrima
--…
-- Continúa Benedicto – Exigió
-- Intenté buscarte, pero era demasiado tarde. El muro infernal consumía todo vestigio de vida… adiós Salma, dije al fuego, mientras mis lágrimas lloraban.
--Todo acabó para mí – Me dijo
-- Sí Salma… todo acabó
--…
-- Solo encontramos tus aretes en forma de corazón…
-- ¿Los que me regalaste en mi cumpleaños?
-- Así es…
--¡Lo sabía! Cuando me levanté entre las almas no los encontraba.
--Los traje a tu sepulcro
-- ¿¡Sí!?—contestó con admiración
-- Así es Salma
Ella sonrió al mismo tiempo que yo. Saqué los aretes de una cajita de cristal. Con delicadeza tomé los aretes y se los coloqué en sus orejas… estaban tan tristes como yo…
--Ahora estoy lista Benedicto – Me dijo con lágrimas en los ojos—
--Te voy a extrañar Salma
-- Yo también Benedicto
--… -- Quedé mudo sin contener las lágrimas—
--Te estaré esperando Bene
--…
Se acercó a mí, sentí sus labios rozar la comisura de los míos y de mi mejilla.
--Te amo Benedicto – Dijo en un suspiro
--Yo también te amo Salma.
Colocó s cabeza sobre mi hombro y la abracé… su melodía había terminado. Colocó su cabeza sobre mi hombro y la abracé… su melodía había terminado…
Se esfumó como flor terminando primavera…
Me quedé ahí sintiendo su ausencia… esperando a que los cuervos me comieran y que la muerte me decapitara con su hoz.


Benedicto Dzul Ornela

sábado, 23 de noviembre de 2013

Hoy te vi

Era un día nublado, estabas en la lejanía de una estrella.
El viento azotaba tu cabellera, la hacía galopar al compás de las nubes.
Era un momento tristemente mágico, era como si no estuvieras muerta…
La lluvia comenzó a recitar su poema, el cual se convirtió en una orquesta fúnebre.
Tu figura se perdió en el eco de una lágrima… lo sé, solo era un espejismo. 
Fui  a tu sepulcro a platicarte lo ocurrido hace unos momentos.



Benedicto Dzul Ornela

sábado, 16 de noviembre de 2013

Sigo aquí



Caminaba observando las persona pasar…
¡Oh! El reloj que aprisiona mi muñeca sonaba desafinado. Eso solo significa una cosa: es hora de mis pastillas.
Saqué el frasco naranja y las tomé.
Una señora de unos 50 años me observaba, tal vez se dio cuenta que, por el bien de todos, debía tomar las píldoras. Solo le sonreí, lamentablemente gimió diciendo: “Este es un enfermo”.
Ignoré eso.
A medida que seguí caminando, las flores caían del cielo… ¿o era la lluvia? No estoy seguro.
Sentí que las flores estaban húmedas y concluí que era lluvia disfrazada en primavera.
El agua caía en mi cuerpo y un tenue arco iris mórbido se reflejaba en el opaco y dulce cielo.
Corrí desesperado como si la guadaña de la muerte me siguiera, como si la tormenta invadiera mis sueños.
Fue entonces que me di cuenta que corría en círculos, la ciudad comenzó a deformarse y los pájaros entonaron la marcha fúnebre de un último adiós…
Las lágrimas corrían por mis mejillas mientras intentaba saber lo que pasaba.
En ese momento mi corazón se detuvo, todo a mi alrededor también…
Sentí como mi vida se ahogaba en un diluvio…
Desperté…
Aún estaba con mi camisa de fuerza encerrado en una habitación del manicomio. ¿Fue un sueño? No lo sé… quizá sí… o tal vez solo era un recuerdo nostálgico.


Benedicto Dzul Ornela


sábado, 9 de noviembre de 2013

Siento tu presencia, no distingo si es mi mente o la realidad.
Es como si los temores y deseos cobraran vida y a la vez se suicidaran.
Es como una flor despertando, es como un eco sin sonido.
Es un infierno de pasiones.
Es un cielo de ilusiones.
Es el sepulcro de nuestras miradas.



Benedicto Dzul Ornela
El día transcurre.
La agonía no cesa.
El dolor es insoportable.
La llama de mi vida se apaga.
La luna dejó de brillar.
El Sol está tan frío como el abismo.
Aún no sé dónde estoy.
Me ahogo en el mar de tristeza… aún puedo ver un faro en la oscuridad, sin embargo, esa luz ya se extinguió…

Benedicto Dzul Ornela  
El cielo se vistió con un traje fúnebre y nublado.
Las hojas caían arrancadas de los árboles.
La multitud se horrorizaba y las nubes tambaleaban al compás del viento.
El cielo estaba a punto de caerse…


Benedicto Dzul Ornela

sábado, 2 de noviembre de 2013

Estimado lector.
Como te habrás dado cuenta, mis recientes poemas publicados son más pesimistas que los anteriores, esto se debe a que en un principio solo escribía de esa temática, y me atreví a publicarlos. Aun así, después de terminar de publicar dichos poemas, seguiré con los más recientes.

También puedes disfrutar de mis poemas en:  http://www.cortorelatos.com/   donde estoy bajo el seudónimo de: “Taciturno”. Ahí estoy en la categoría de “Drama”. Y a partir de la próxima semana también estaré en “Microrrelato y Adultos/eróticos”. A ésta última categoría le crearé su blog exclusivo. Más a delante publicaré los enlaces para dicho blog.

También puedes seguirme en Twitter:  @BenedictoDzul

Muchas gracias por regalarme unos minutos de tu tiempo en leer mis poemas. Si gustas leer algún tema en especial o si tienes alguna opinión y/o sugerencia, por favor házmelo saber.

Gracias, que tengas un buen día.

Benedicto Dzul Ornela
Te empiezo a buscar…
Intento verte…
Tu soledad solo respiro.
Maldigo el día en que partiste.
En tu sepulcro duermo yo.
Dejó el canario de cantar…
Mi primavera se enfría y en tu recuerdo se asfixia.
Ha pasado más de 4 años en que tus ojos escuché.
Mis fuerzas se agotan y la esperanza se suicida, la nostalgia es cruel.
Espero con ansias en que te levantes de tu sepulcro.


Benedicto Dzul Ornela
Este poema lo escribí hace dos años, a una de mis mejores amigas: Luz Alondra.


El mar de tu vacío es tu sepulcro.
Te ríes lamentándote de vivir.
Eres una flor sin jardín.
Eres una luz oscura.
Eres la nota de un viejo violín
Eres el silencio de un ave.
Eres la muerte de mi corazón.
Tu cabello ondulado como las olas del amor. Tu rostro angelical, tu mirada optimista. Tus ojos de un color vacío como la miel. Labios pequeños y tentadores. Oh, alondra eres magnífica.

Benedicto Dzul Ornela
Surge la duda… ¿Estás viva aún?
Recuerdo tu sonrisa… pálida como la flor, seductora como el agua en el desierto.
Platicar contigo es como estar en la playa y sentir las olas chocar en los pies mientras las gaviotas cantan al ritmo de la puesta de Sol.

Benedicto Dzul Ornela
El cementerio era más frío que los sentimientos del Diablo…
De mis ojos salían lágrimas…
En mis oídos retumbaba el eco de tu voz.
El olor de tu ataúd me debilitaba.
No sé si era tu recuerdo o el dolor que sentía, pero no había dormido en un millón de años.
Nunca me fallaste…
Prometiste un por siempre…
¿Cuándo volverás del más allá?
¿Aún estas viva?


Benedicto Dzul Ornela

sábado, 26 de octubre de 2013

Tus labios son criptas guardando mi amor.
Mi paraíso eres tú… y falleciste…
Me llevas tan alto como los cielos… y caemos juntos a un infierno  de crueldad donde nuestro amor florece.
Como pájaro extrajiste la flor de mi vida, y ahora sólo tengo tu sepulcro.
De mis poemas solo sale el eco muerto de mi alma.
Mis latidos buscan tu recuerdo en mi corazón…


Benedicto Dzul Ornela 
El cielo se enmudeció, las nubes tristes ocultaron al sombrío Sol. Comenzó una fúnebre sinfonía de lluvia ligera. Las gotas de lluvia caían sobre su ataúd, las gardenias se impregnaban de angustia.
Las almas daban un concierto de lamentos, sollozos y lágrimas…
Podía sentir tu espíritu alejarse de mí


Benedicto Dzul Ornela
Uniendo nuestras manos.
Incinerando con amor al mundo que nos dio la espalda…  Somos algo fatal, algo bello, algo mórbido…
Con el alma herida caemos en el ataúd.
No buscamos el silencio, buscamos el descanso.
Nos ahogamos mientras corremos entre las estrellas con un amor desnudo e incinerado por la lujuria.


Benedicto Dzul Ornela 

domingo, 20 de octubre de 2013

Siento la brisa de tu mirada, no distingo si es un sueño o es la realidad. Siento tus brazos abrazarme y escucho el eco de tu voz lejana en el horizonte.
Un infierno de dos almas sepultadas por la nostalgia de un sepulcro y un cielo por los bellos momentos que se marchitan lentamente en el jardín.

Benedicto Dzul Ornela
Te busqué todos los días… y sólo encontré tu sepulcro.
Comienzo a llorar y recordar.
No distingo si es la lluvia o mis lágrimas… La vida es muy triste…
Aun siento tu calor…
Aun siento tu alma…
Aun te recuerdo
Dijiste que nos volveríamos a ver… ¿Dónde estás? ¿Estás bien? ¿Estás viva aún? ¿Aun estás en tu sepulcro?


Benedicto Dzul Ornela

sábado, 19 de octubre de 2013

La esperanza de volver a verte se consume como una vela en altamar.
La agonía besa mis labios al ver las gardenias de tu sepulcro.
Aun me atormento pensado que esto es una pesadilla, pero nunca voy a despertar.
Al momento de tu partida la sonrisa se esfumó de mi rostro y mis ojos se secaron por el llanto…
Esperaré el día en que me una a ti…

Benedicto Dzul Ornela
En la sombra de tu luz habita mi nostalgia.
En cada lluvia mi alma es enterrada.
¿Recuerdos o sueños? Ya no puedo distinguirlo
Al no tenerte las nubes opacan al Sol y las flores de esperanza se suicidan.
Sal de tu sepulcro, tal vez así, volvamos a vivir…

Benedicto Dzul Ornela
Embriagándome de nostalgia.
El aullido de un corazón a la deriva, la tristeza de una lágrima, una gardenia en tu sepulcro, un alma inocente.
Aun veo el calor de tu sonrisa, aun siento tus tiernos ojos diciendo: “Llegó mi hora”…
El Astro Rey lloraba… todos lloraron…

Benedicto Dzul Ornela

sábado, 12 de octubre de 2013

Tus tiernos labios sonriéndome desde la distancia.

La sangre corre por mis venas haciendo latir más fuerte mi corazón. Mi sonrisa se desesperó al ver tus ojos brillando como sol en cielo nocturno. Tu cariño cayendo en mí como tempestad en el horizonte.

Agonizando y saboreando tus palabras en el umbral de abrazo. Estando conscientes de que aquel momento. Aun siento la brisa de tus cabellos….


Benedicto Dzul Ornela
Este poema pertenece a mi conjunto de: “Pasiones Obsesivas”

¡Oh! Aquí en el centro del valle, contemplando con mi vista los sabrosos peñascos que con gritos piden ser explorados.
Mi gran éxtasis, me estoy volviendo loco, ya no tengo conciencia, solo deseo llegar a la gran ciudadela y fallecer ahí.
¡Oh! Mi gran hambruna, creo que comeré dos bollos suaves y deliciosos, pero tendré que salir de mi amada ciudadela.
El viaje terminó, no importa, aunque estoy sin energías, tengo el recuerdo de aquella ocasión…


Benedicto Dzul Ornela
ISABEL TIRÓ MIS CACAHUATES

Aquel golpe hacia esos cacahuates me asustó.
Ella había lanzado el golpe Ad libitum y sólo se reía sin parar.
La miré con curiosidad, ella respondió, aferrándose, a que lo hizo sin querer.
Reclamé en Ánimus jocandi, pero ella solo era controlada por la risa… aún resuena en mis oídos el eco de mis cacahuates cayendo al suelo, y la risa de maldad de Isabel… ¿Fue mejor para los cacahuates aquella escena? ¿Era preferible morir en el suelo a morir entre mis dientes?
Me gustaría saberlo…

Benedicto Dzul Ornela

*Ad libitum: ‘Por el deseo’, a voluntad, al gusto.

*Ánimus jocandi: ‘Ánimo de bromear’. Expresión empleada para indicar que una cosa está dicha con ánimo irónico o de broma, y que no puede ser tomada en serio; o no ha habido intención de ofender.
Oscuro cabello cincelado en armonía, que cae como eco del Sol sobre tus hombros.
Ojos abismales que guían a un barco a la tentación. Y están coronados por bellas cejas y suaves pestañas. Nariz pequeña y fina.
Suaves labios color cereza marrón, que emiten sinfonía de palabras.

Su mirada tristemente optimista es sinónimo de belleza.

Benedicto Dzul Ornela

jueves, 3 de octubre de 2013

Hoy al salir al jardín hablé con una mariposa:
-Parece que me queda poco tiempo –Dijo ella-
-No lo sé. ¿Qué te hace pensar eso?
-Simplemente tu sonrisa me exhorta a salir corriendo
-¿Y por qué no lo haces?
-Porque todos somos sadomasoquistas
-Me dio gusto verte, no te haré daño.
-¿Es porque soy de color azul con marrón?
-Así es…

Benedicto Dzul Ornela
Tu cabello castaño como el fúnebre otoño. Tu mirada tan encantadora como el arco iris.  Al verte creí que había muerto, ya que vi tu cara angelical. Tus tentadores labios como el fruto prohibido. El eco de tus palabras, retumbando en mis oídos, me llevan al veneno de tu amor donde tus besos son el antídoto.

Benedicto Dzul Ornela
Les pido disculpas debido a que no pude publicar poemas en estos días,  estuve enfermo y no logré subir mis poemas.
Benedicto Dzul Ornela
NUESTRO LAGO
Desperté…
Los filosos rayos de Sol acariciando mi cuerpo, mientras trataba de recordar lo sucedido la noche anterior. ¡Sorpresa! ¡Recordé todo! Habías ido a nadar al lago, cerca de la cabaña. Pero… ¿Dónde estabas ahora? Mi cabeza dio innumerables vueltas tratando de recordar lo sucedido pero sin éxito.
Empiezo a buscarte con desesperación, las pequeñas olas del frío lago golpeando la orilla, los salvajes pájaros entonando sinfonías, el Sol fatigándome, y tu mi amor desaparecida.
Empiezo a gritar sonidos mudos, el aire me hace falta, ¿Dónde estás mi amor?
Hundo mi cuerpo en el agua, comienzo a bucear, respiro, buceo, respiro, buceo…. Con la falsa esperanza de encontrarte.
Han pasado horas desde que desperté, el hambre abandona mi cuerpo, decepcionado, porque ya no lo siento. Pies…. Mis pies lastimados ya no los siento.
Arrastrándome salgo del agua, tratando de imaginar tu optimista sonrisa, ¿Qué ha pasado? De repente escucho gritos… esas voces dicen “deténganlo, rápido, duérmanlo si reacciona mal”….
El terror me invade. Busco de donde vienen las voces para pedirles ayuda. Pero comprendo que están en mi cabeza.
La angustia es dueña de mi mente, mi cuerpo solo obedece a la desesperación.
El sueño me cubre con su manto, me envuelve una sensación de placer y calidez, es ella, la muerte viene por mí.
Despierto en una habitación con paredes blancas. No había estado en un lago, sino… estaba loco. Y tu mi amor…. Logro verte por el pequeño vidrio de la puerta, estas golpeada, demacrada, y llorando. ¿Quién te hizo esto? Me pregunto.
La respuesta es simple…. Fui yo mi amor.
Siento la ya pasada sensación otra vez, y empiezo a sentirme encadenado.
¿¡Mi amor donde estas!?  Empiezo a gritar pero solo notas mudas salen de mi boca. Las lágrimas corren desesperadas en mis mejillas….todo se vuelve oscuro…adiós mi amor…


Benedicto Dzul Ornela
La lluvia de mi ilusión cesó.
Estuve bajo los relámpagos esperando poder ver tu reflejo.
Las gotas de lluvia nublaron mis ojos. Caí de rodillas, el astro rey combatía contra las nubes coléricas… ¿Se atreverían a hacernos daño?
Poco después la Luna impuso su reinado… pero nunca pude ver tu reflejo


Benedicto Dzul Ornela

La lluvia de mi ilusión cesó.
Estuve bajo los relámpagos esperando poder ver tu reflejo.
Las gotas de lluvia nublaron mis ojos. Caí de rodillas, el astro rey combatía contra las nubes coléricas… ¿Se atreverían a hacernos daño?
Poco después la Luna impuso su reinado… pero nunca pude ver tu reflejo


Benedicto Dzul Ornela

sábado, 21 de septiembre de 2013

Análisis de sangre
(…) Nombraron mi nombre con una voz firme pero a la vez de duda…  Caminé por el estrecho pasillo, él parecía saber lo que pasaría. (…)
Me senté en una especie de silla. Colocaron mi brazo izquierdo en una suave tabla que estaba anexada a la silla donde estaba sentado.
Él aprisionó mi brazo con un tipo de liga. (…)
Él miró  sádicamente mis venas… clavó la aguja y procedió succionar mi vida en dos pequeños recipientes... (…)
(…) Colocó algodón bañado en alcohol… y con ganas de infligir dolor lo puso justo donde la aguja había penetrado… (…)
Salí moribundo por el pasillo…


Benedicto Dzul Ornela

martes, 17 de septiembre de 2013

Gracias por visitar este blog.
sugerencias son bien recibidas.
 Benedicto Dzul Ornela
Les informo que los poemas los publico semanalmente, ya sea los lunes o viernes.

 Benedicto Dzul Ornela

sábado, 14 de septiembre de 2013




La pasión de Salma


(…) Los violines masturbaban a los oídos, la orquesta le hacía el amor a los corazones. Un silencio emotivo de agonía envolvía a las almas espectadoras.
Sus dedos comenzaron una orgía de pentagramas musicales (…)
(…) El fuego consumía todo el escenario. Sólo un alma se quedó… Tú mi querida Salma… Las llamas infernales te envolvieron con su encaje (…)

(…) Me quedé en tu sepulcro  esperando a que los cuervos me comieran y que la muerte me decapitara con su hoz. (…)

Esta es una narración extensa. Sólo puedo compartirles un fragmento. Gracias por su comprensión 

Benedicto Dzul Ornela