La calle estaba sorda,
ningún ruido hacía eco.
Caminaba en zigzag,
aprovechando mi soledad para moverme libremente… olvidando su muerte.
El Sol se despedía de mí
enviándome unos tenues rayos de luz…
La melodía se repetía en mi
mente…
Mis tímpanos ciegos repetían
una y otra vez esas notas…
Escuché mis lágrimas
recorrer mi cara y sentí como caían al suelo agonizando.
¿Sonaba un piano o era mi
cabeza? No lo sé, no estoy seguro. No sé que es real y que no.
¿Sonaba un piano o era mi
cabeza? ¿Sonaba un piano o era mi cabeza?...
El sonido navegaba en las
suicidas ráfagas de viento, mi pulso se aceleraba y yo sentía tu presencia.
Me guió el afinado compás
por un camino al cementerio.
Su sonido me envolvía y
besaba los tímpanos.
A tu sepulcro llegué
persiguiendo una sensación casi vana…
La noche colocó su encaje…
el Sol había muerto.
El Sol había muerto… la
noche colocó su encaje… el Sol había muerto, había muerto y la noche lo
festejaba colocando su encaje… el Sol había muerto en una noche… como tú…
habían muerto de la misma forma, apagándose lente y dolorosamente…
Estabas ahí… arrodillada en
el suelo, tus manos tocaban la lápida como si fuera un piano.
Vestías un opaco y triste
vestido azul infierno algo chamuscado. Tu cabello lloraba… tus manos quemadas…
Me senté a su lado.
--¿Aún sigues aquí? – Le pregunté
--Sí
-- Quiero ver tu cara
--¿Estás seguro?
--Sí
--…
--…
Lo que vi…
Sus ojos me miraron
fijamente, su cara estaba pálida y algo chamuscada: el fuego había besado su
cara… pero su hermosa sonrisa seguía intacta.
Su cara fue rejuveneciendo,
era como si el fuego nunca la hubiera tocado.
--Has estado llorando –le dije—hasta
que tus ojos se han secado. Recuerdo esa sensación.
--¿La recuerdas? – Me preguntó
-- Sí…
--¿Qué me pasó Benedicto?
--¿Quieres saber?
-- Sí – Contestó tristemente
--…
--…
--Las voces hacían eco… las
personas sonreían, algunos lloraban de emoción… anunciaron tu nombre. Una agonía
de aplausos perturbaba el silencio – Le dije--.
Su rostro manifestó una
sonrisa… tal vez era porque lo recordaba… nunca lo sabré
--Un alegre piano negro de
cola destacaba del resto de la alegre orquesta –Proseguí—Los violines empezaron
con su melodía a masturbar a los oídos. Los demás instrumentos besaban al
silencio.
Un silencio emotivo de
agonía consumió a las almas espectadoras.
Tus dedos comenzaron a
acariciar el piano, tus finos pies azotaban los pedales.
Tus manos comenzaron una
orgía de pentagramas.
Las gotas salían como lluvia
a las flores. Los acordes danzaban en los corazones y el dulce y desesperado
sonido le hacía el amor a nuestros oídos.
--Lo recuerdo – Me interrumpió.
--Yo también Salma, yo
también…
-- Continua, por favor – Me exigió
--Los gritos resonaban entre
el público. Había una mujer que gritaba. Otra lloraba y unos niños pedían a
gritos a sus madres. Tu mundo estaba por morir… el baile de fuego infernal
comenzaba, la gente corría como cúspide de diluvio. Los miembros de la orquesta
huían protegiendo a sus instrumentos…
--Ahora lo recuerdo mejor—me
dijo
--Lo sé Salma…--Contesté-- Tu pasión por el piano nubló tus sentidos. Los
espectadores eran aplastados por los pies de otros, los niños se incineraban,
el amplio escenario ardía como la ira del Diablo… El baile de llamas se movía
al mismo compás de la melodía. El alegre escenario fue derrumbándose convirtiéndose
en ruinas… Todos huyeron… Menos un alma… tú mi querida Salma… te quedaste ahí…
solo un alma se quedó… tú mi querida Salma…
-- Lo sé – dijo mientras
esbozaba una lágrima
--…
-- Continúa Benedicto –
Exigió
-- Intenté buscarte, pero
era demasiado tarde. El muro infernal consumía todo vestigio de vida… adiós
Salma, dije al fuego, mientras mis lágrimas lloraban.
--Todo acabó para mí – Me
dijo
-- Sí Salma… todo acabó
--…
-- Solo encontramos tus
aretes en forma de corazón…
-- ¿Los que me regalaste en
mi cumpleaños?
-- Así es…
--¡Lo sabía! Cuando me
levanté entre las almas no los encontraba.
--Los traje a tu sepulcro
-- ¿¡Sí!?—contestó con
admiración
-- Así es Salma
Ella sonrió al mismo tiempo
que yo. Saqué los aretes de una cajita de cristal. Con delicadeza tomé los
aretes y se los coloqué en sus orejas… estaban tan tristes como yo…
--Ahora estoy lista
Benedicto – Me dijo con lágrimas en los ojos—
--Te voy a extrañar Salma
-- Yo también Benedicto
--… -- Quedé mudo sin
contener las lágrimas—
--Te estaré esperando Bene
--…
Se acercó a mí, sentí sus
labios rozar la comisura de los míos y de mi mejilla.
--Te amo Benedicto – Dijo en
un suspiro
--Yo también te amo Salma.
Colocó s cabeza sobre mi
hombro y la abracé… su melodía había terminado. Colocó su cabeza sobre mi
hombro y la abracé… su melodía había terminado…
Se esfumó como flor
terminando primavera…
Me quedé ahí sintiendo su
ausencia… esperando a que los cuervos me comieran y que la muerte me decapitara
con su hoz.
Benedicto Dzul Ornela