Siento
la brisa de tu mirada, no distingo si es un sueño o es la realidad. Siento tus
brazos abrazarme y escucho el eco de tu voz lejana en el horizonte.
Un
infierno de dos almas sepultadas por la nostalgia de un sepulcro y un cielo por
los bellos momentos que se marchitan lentamente en el jardín.
Benedicto Dzul Ornela
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