Era
un día nublado, estabas en la lejanía de una estrella.
El
viento azotaba tu cabellera, la hacía galopar al compás de las nubes.
Era
un momento tristemente mágico, era como si no estuvieras muerta…
La
lluvia comenzó a recitar su poema, el cual se convirtió en una orquesta
fúnebre.
Tu
figura se perdió en el eco de una lágrima… lo sé, solo era un espejismo.
Fui a tu sepulcro a platicarte lo ocurrido hace
unos momentos.
Benedicto
Dzul Ornela
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