Uniendo
nuestras manos.
Incinerando
con amor al mundo que nos dio la espalda…
Somos algo fatal, algo bello, algo mórbido…
Con
el alma herida caemos en el ataúd.
No
buscamos el silencio, buscamos el descanso.
Nos
ahogamos mientras corremos entre las estrellas con un amor desnudo e incinerado
por la lujuria.
Benedicto
Dzul Ornela
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