domingo, 22 de diciembre de 2013

Algo extraño en ti

Había algo extraño en ti, parecía que… parecía que estabas muerta…
Creí que era mi imaginación, tus ojos miraban a todos lados desesperadamente, y lo que dañaba era cuando tu mirada se centraba en mí… en un vacío fúnebre…
Nos miramos, tú quisiste gritar pero solo un sonido vacío y agudo salió de tus labios. Sentí miedo, desbordaste una sonrisa como aquella que me regalabas cuando nos abrazábamos.
Tu rostro se volvió delirante… fue cuando comprendí que no  estabas sonriendo, sino que estabas viajando al mundo de los espíritus… lo que gemías no lo podía distinguir ¿Era llanto? ¿Era risa? ¿Era un lamento? ¿O era tu alma muriendo?
Tus ojos de psicópata me miraron fija y letalmente…
Era simple no era tú, éramos nosotros… nuestra muerte, nuestra vida, nuestro dolor…


Benedicto Dzul Ornela

Mi esperanza

La esperanza de volver a verte se consume como una vela y mi amor por ti crece como un bello bosque.
La agonía rosa mis labios al ver tu fúnebre sonrisa.
Quiero despertar de este sueño, pero me doy cuenta que esta pesadilla es mi ser.
Al momento en que te fuiste la sonrisa murió en mi boca y mis ojos se segaron por el llanto.
Si el mundo se pone en mi contra no me importa, porque yo sé que tú estarás a mi lado.
Penetraste en mi corazón como una flecha.
Para mí no has muerto.


Benedicto Dzul Ornela

Alguien me observa

Caminaba por la calle, penetrando la espesura de la tarde.
Mientras caminaba sentía la mirada triste de mi observador.
Empecé a acelerar mi paso, sin embargo, a medida que avanzaba, las miradas se incrementaban.
Me detuve en el refugio de un árbol, y fingiendo amarrar las agujetas de mis zapatos, intenté ver a mi observador.
Nadie lucía sospechoso, la gente caminaba sin rumbo: unos tristes, otros cansados, otros enamorados, otros muertos…
Seguí avanzando hasta detenerme en la comisura de la banqueta. Junto con otras personas debía esperar a que el semáforo cambiara de parecer.
Momentos después me encontraba en la central, el corazón se me aceleró al ver que todos parecían estar delirando… afortunadamente el transporte rumbo a mi hogar arribó minutos después de concluir esa escena. Subí acompañado de personas que únicamente compartían su ruta y respeto moral conmigo.
Subí hasta el final del fúnebre camión y me senté junto a la ventana.
De pronto sentí que alguien me miraba a través del vidrio… giré mi cabeza con la velocidad de un búho… no había nada más que mi desesperado reflejo.
El camión seguía su ruta ¿Cuándo cambiará? –Me pregunté—
Fue entonces que las llantas frenaron lentamente, alcé mi mirada y te vi…
Tu sonrisa se desbordaba al verme, caminabas con la sensualidad demoniaca y te sentaste a mi lado.
--¿Te acuerdas de mí? –Preguntaste.
--…
--Soy yo, y ya es la hora
--¿La hora de qué? –Pregunté asustado.
Me miraste a los ojos y me diste un tierno beso.
--He venido por ti, te llevaré al descanso eterno. –Dijiste—
En ese momento mis fuerzas abandonaron mi cuerpo, lo último que sentí fueron sus labios… y abandoné este mundo.



Benedicto Dzul Ornela

sábado, 7 de diciembre de 2013

Una bella bienvenida

Entré en la habitación, todo parecía igual ante mis ojos, pero no tenía conocimiento si algo habría alterado mis cosas.
Al momento de cerrar la puerta encendí la luz, las tinieblas corrieron a esconderse de luz palpitante.
Mi violín, encerrado en su estuche, gritaba anhelando que lo tocaran, gritaba tanto que tuve que gritar más fuerte para que se callará, aunque solo logré que comenzara a murmurar y a desesperarme.
La silla se movía sola invitándome a descansar, la libreta se ponía en una sensual pose, lista para que yo escriba en ella y le haga ilusiones falsas sobre un mundo mórbido.
Observé mi alrededor, todo era alegremente fúnebre, como si la luz se negara a visitar mi habitación. Quizá me odia, o simplemente no quiere ponerse triste.
Tomé la pluma para escribir, hacía garabatos mientras pensaba en mi amada mujer, cuando de pronto me di cuenta que estaba rodeado de las voces de los objetos de mi cuarto.



Benedicto Dzul Ornela