Tu cabello castaño como el fúnebre otoño. Tu mirada tan
encantadora como el arco iris. Al verte
creí que había muerto, ya que vi tu cara angelical. Tus tentadores labios como
el fruto prohibido. El eco de tus palabras, retumbando en mis oídos, me llevan
al veneno de tu amor donde tus besos son el antídoto.
Benedicto Dzul Ornela
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