(…) Caminaba descalzo
por el jardín.
Me detuve para contemplar una bella flor, sin
percatarme que mi pie se hundía.
De pronto sentí una extraña sensación, era como
si algo recorriera ambos pies y se extendiera hacia mis piernas, fue entonces
cuando sentí fuerte picadas, como miles de agujas clavándose en mis pies,
dejando una sensación de comezón y ardor. Sentí miedo. Dirigí mis ojos hacia abajo... mis pies... mis pies... había caído
en un hormiguero.
Inmediatamente empecé a brincar, golpeando con mis
manos a mis pies, intentando de esa forma, liberar a las dos víctimas que
sucumbían ante la cólera y devoción de las hormigas al proteger su colonia. Si
alguna persona me hubiera visto, pensaría que soy algún tipo de chaman danzando
con brincos y expresiones de rostro.
Una vez finalizado aquello, me dirigí hacia otra
flor. (…)
Benedicto Dzul Ornela
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario